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Por Juan Hernández Michel Descombey tenía una mirada inquisitiva, profunda, seria; pero su rostro sonreía siempre. De trato amable, pero de un carácter fuerte y poseedor de una disciplina apasionada para la danza, el creador logró convertirse en una de las figuras centrales de la escena dancística nacional, a partir de su llegada a México y de la fundación en 1977 de Ballet Teatro del Espacio, en donde formó a nuevas generaciones de bailarines y coreógrafos y creó varias decenas de obras que, en su momento, conmovieron el arte de Terpsícore en el país. El artista francés, asentado en México, vivió momentos gloriosos en aquel espacio de la calle de Hamburgo, en la Zona Rosa, en donde estableció su trinchera creativa. Fue en ese lugar de excepción en la historia de la danza contemporánea mexicana, en donde Descombey, junto con Gladiola Orozco y otros cómplices de labor artística, se convirtió en el portador de un discurso de corte estetizante en la danza, que lo diferenció de las propuestas que a la sazón se realizaban en otras Compañías, como Ballet Nacional de México, dirigido por Guillermina Bravo o Ballet Independiente, a cargo del ya fallecido Raúl Flores Canelo. Michel Descombey venía de otra tradición cultural. Su vena francesa y europea se manifestaron siempre en sus obras, llenas de una gran sobriedad, limpias al exceso y con una expresa preocupación técnica. Miembro de una familia comunista, Descombey vivió los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero su mirada no se subsumió a una visión pesimista del destino de la humanidad; todo lo contrario, permaneció siempre fiel a sus sueños de un mundo equilibrado, amoroso y apasionado. El 5 de diciembre del 2011, el bailarín y coreógrafo falleció a los 81 años de edad, dejando una historia sobresaliente en la danza mexicana. Artista de altos vuelos, Descombey componía con una estricta resolución técnica. Conocedor de las leyes de la escena, creaba con una metodología precisa, en busca de un lenguaje puro, esencial, que naciera de un proceso potenciador del cuerpo, al que convertía en el centro de la obra. Y sus obras eran cuadros en movimiento, en donde el color se manifestaba con un estilo contenido y profundamente intimista. Michel Descombey luchó desde 1977 y hasta el 2009, por mantener viva a una Compañía (Ballet Teatro del Espacio), con una sede en el corazón de la capital mexicana (el Espacio Independiente), para dotar a la danza de una gran dignidad. Ahí construyó un foro, en donde estrenaba sus obras y mantenía temporadas constantes de danza, lo que constituía una hazaña en sí misma. La pasión por la danza de Michel Descombey se desbordaba como un río caudaloso. La fuerza de su quehacer creativo hizo que su Compañía sobreviviera hasta que en el año 2009 tuviera que cerrar su proyecto de vida y artístico, por falta de recursos económicos. Descombey tuvo un inicio de carrera triunfal en Europa, en donde ingresó en 1947 al Ballet de la Ópera Nacional de Paris. En esa misma Compañía logró ser Primer Bailarín en 1959 y posteriormente dirigirla de 1962 a 1969. De 1971 a 1973, dirigió el Zurcher Ballett de la Ópera de Zurich. A México vino por primera vez en 1973 y en 1975 tomó su residencia en este país, en donde junto con Gladiola Orozco dirigió al Ballet Teatro del Espacio, a partir de 1977 y hasta el 2009. Descombey trajo a México la disciplina de una Compañía estructurada, una visión que rompía con todo vestigio de nacionalismo y abrió la puerta hacia una danza de una gran fuerza simbólica y universal. Entre sus obras resaltan De esperanza en esperanza (1976), Año cero (1976), La ópera descuartizada (1980), Conquistas (1983), Che (1996), El miedo, recuerdos del futuro (1996), 1991, Año Mozart (1991), Carmen (2002), y A-Mante religiosa (2006). Además escribió el libro "La Danse" (Editorial Marabout). El artista falleció el 5 de diciembre a los 81 años de edad. *En México realizó una amplia labor como maestro, coreógrafo y director de la Compañía de danza contemporánea Ballet Teatro del Espacio. |
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